Crianza, TEA, Confinamiento y Estrés

Actualizado: nov 12

La familia es bien conocida por ser el núcleo principal de nuestra sociedad, por tal motivo cobra un papel sumamente importante en la crianza de los hijos. Encontramos familias con diferentes estructuras que se adecuan para alcanzar un mejor funcionamiento en el día a día; hay algunos que cuentan con una amplia red de familia extensa que cobija la crianza y genera recursos que apoyan constantemente al cuidador principal, hay otras tantas familias que se conforman solo por alguno de los padres o familiares que asume el rol de cuidador único de los hijos. Sin importar cómo se conforma tu familia, su rol sigue siendo el mismo: es el núcleo en el que se forjan nuevas generaciones para afrontar problemáticas sociales que aquejan a la población mundial.



Cuando se revisa la gran responsabilidad que recae en las familias, es normal experimentar estrés, ansiedad, incertidumbre, desconfianza y un cuestionamiento constante sobre qué tan bien lo estamos haciendo. Con las preocupaciones ya de por sí en aumento cuando se es responsable de la crianza de los hijos, las condiciones del neurodesarrollo que alguno de los miembros de la familia pueda presentar aumentan dichas presiones, los cuestionamientos, las emociones y sentimientos desagradables e incluso pueden manifestarse algunos malestares físicos producto de la situación tan retadora.


Preocupaciones de cualquier padre como aquellas relacionadas a aspectos económicos, de educación y de crianza emergen en cuidadores de personas con autismo, además de otras tantas más aunadas a la condición misma. ¿Cómo hago para que mi hijo se comunique? ¿Por qué mi hijo se comporta de forma diferente a los demás? ¿Qué puedo hacer para favorecer su desarrollo? ¿A qué servicios lo debo llevar? ¿Qué hará cuando yo no esté? Estos son algunos de los cuestionamientos más frecuentes que algunos de los cuidadores de personas con autismo se realizan a diario, además de pensamientos de agotamiento, fatiga, desilusión y pesimismo ante el futuro. Aunque existen madres, padres y cuidadores que son muy optimistas, en el camino del autismo siempre se presentan picos altos de grandes esperanzas y ánimo, así como valles profundos de dudas y pensamientos negativos.


Con el actual confinamiento, parece que la distancia entre los picos y valles de los que hablamos, se ha acortado, de modo que tenemos a cuidadores que están en un constante cambio entre esperanza y desesperanza en periodos cortos de tiempo. Esto se puede explicar por la convivencia 24/7 a la que estamos “forzados” a tener con nuestro núcleo familiar; el confinamiento no ha sido decisión propia, se trata de una acción que resguarda la salud física de nuestra familia sin embargo en muchos casos ha deteriorado la salud mental de algunos familiares.


Si mentalmente te sientes agobiado, cansado, fastidiado, aburrido, frustrado, preocupado y sientes que no puedes más, no estás solo, hay muchos y muchas cuidadoras como tú que también la están pasando difícil y que se enfrentan retos descomunales todos los días. Tu hijo o hija a veces está de buen humor, se comunica, convive y participa en sus actividades sin ningún problema; otras tantas ocasiones el panorama puede ser fatalista, nadie coopera, todos están de malas, no se cumple con ninguna tarea, parece que vas 10 pasos para atrás y te cuestionas todo lo que estás haciendo.



Date un espacio para experimentar todo este torbellino de emociones que pasa por tu cabeza, ¡No estás loca! ¡No estás loco! Respira profundo y piensa en aquellas cosas buenas de tu día, mantente presente en lo que hoy tienes, evita enfocarte en cosas del pasado y preocúpate menos por el futuro; concéntrate sólo en los aspectos positivos de hoy. Ahora vuelve a respirar y piensa en aquello que te tiene de cabeza, ¿lo puedes solucionar? Si la respuesta es sí, escribe las posibles soluciones, si la respuesta es no, entonces intenta volver a la calma y depura las emociones negativas que este tema te provoca.


Encontrar un espacio para ti puede ser complicado, pero cuando sientas que las emociones te rebasan, métete en un closet, en un cuarto vacío, ve por una caminata, ponte tus audífonos o implementa alguna estrategia que te permita alejarte y vivir tus emociones por al menos 5 minutos. Algunas veces los adultos somos muy duros con nosotros mismos, le enseñamos a nuestros hijos a vivir y expresar sus emociones, pero nosotros reprimimos y negamos las nuestras bajo una falsa expectativa de “ser fuertes”. Para que nuestros niños sean personas reguladas, primero debemos aprender a ser adultos regulados que aceptan, viven y administran sus emociones y sentimientos en momentos complicados.


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